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Los Dones Espirituales

Por John Piper
1 Corintios 12:1
El apóstol Pablo escribió a los Corintios, “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes.” (1 Corintios 12:1). Yo creo que esto también se refiere a nosotros: No debemos permanecer ignorantes de la naturaleza y propósito de los dones espirituales. Por lo tanto este mensaje final de nuestra serie acerca del Espíritu Santo tratará este tema. En lugar de abarcar mucho a lo largo de 1 Corintios 12, 13 y 14 (la sección principal que trata de los dones espirituales), quisiera enfocarme en varios textos más pequeños de manera que podamos escudriñar mejor sus enseñanzas.

Los Dones Espirituales Fortalecen la Fe de los Demás
Cuando leemos el Nuevo Testamento, el primer lugar que encontramos donde se hace referencia al término “don espiritual” es en Romanos 1:11, 12. Analicemos juntos este texto. Al escribir a la iglesia de Roma, Pablo dice, “Porque anhelo veros para impartiros algún don espiritual, a fin de que seáis fortalecidos; es decir, para que cuando esté entre vosotros nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía.” La traducción podría darnos a entender que dijo “que yo os imparta algún don espiritual” y esto podría resultar confuso ya que pareciera que Pablo quiere ayudar dándoles uno de sus propios dones. “Porque anhelo veros para impartiros algún don espiritual, a fin de que seáis fortalecidos.”

Lo primero y lo más obvio que aprendemos de este texto es que los dones espirituales son para fortalecer a los demás. Esto, por supuesto no implica que aquel que posea un don espiritual no pueda regocijarse a causa del mismo (en un momento veremos la diferencia). Pero sí sugiere que los dones nos han sido dados para transmitirlos. No nos han sido dados para guardarlos. “Anhelo impartiros algún don espiritual a fin de que seáis fortalecidos.” ¿Qué quiere decir esto? No significa fortalecer el cuerpo, sino se refiere a ser fortalecidos en la fe. Fortalecer también se encuentra en 1 Tesalonicenses 3:2, donde Pablo dice

“y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe a fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones”

Fortalecer a alguien a través de un don espiritual significa que su fe no naufragará tan fácilmente cuando tenga que enfrentarse a problemas en su vida. Tenemos dones espirituales para ayudar a otras personas a que mantengan su fe y se mantengan firmes frente a las tormentas de la vida. Si hay alguien cercano a usted cuya fe se encuentre amenazada de alguna manera, piense si usted posee un don espiritual adecuado para darle fortaleza.

Conocer Nuestros Dones con el Anhelo de Fortalecer a los Demás
Considero que sería adecuado decir también que este texto no implica que debamos esforzar nuestra mente para darle un nombre a nuestro don antes de usarlo. Es decir, no se preocupe si usted tiene el don de la profecía, de la enseñanza, sabiduría, ciencia, sanación, milagros, misericordia, administración, etc. para poder decir “Ese es el mío.” Lo que deberíamos pensar es que la razón para la que tenemos dones espirituales es para que podamos fortalecer la fe de los demás y si aquí hay una persona cuya fe está en riesgo, ¿cómo puedo ayudarla? Entonces haga o diga lo que usted considera que será de más ayuda, y si esto resulta provechoso para la persona, entonces usted ha descubierto uno de sus dones. Si usted le advirtió acerca de las consecuencias de su comportamiento y la persona se arrepintió, entonces quizás usted posea el don de la “advertencia.” Si al caminar con una persona usted le dijo que comprendía lo que le estaba sucediendo y levantó su ánimo, entonces quizás tenga el don de la “empatía”. Si usted dio albergue en su hogar a personas recién llegadas o a quienes sufrían de soledad, entonces quizás tenga el donde la “hospitalidad.” No debemos preocuparnos por ponerles nombre a nuestros dones. Lo que sí debemos considerar es si “estamos haciendo todo lo posible por fortalecer la fe de las personas que nos rodean.”

Yo pienso que el problema realmente no consiste en desconocer nuestros dones espirituales. Más bien el problema básico es no tener mucha voluntad para fortalecer la fe de los demás. La naturaleza humana se inclina más hacia la destrucción que a la edificación. El camino más fácil es refunfuñar, criticar y murmurar y habrá muchos que sigan este camino. Pero el camino que conduce a la edificación y al fortalecimiento de la fe es el que está plagado de obstáculos y tiene la puerta angosta. Entonces, el problema básico será convertirse en el tipo de persona que al abrir los ojos por la mañana, agradece a Dios por nuestra salvación y luego dice “Señor, cómo quisiera poder fortalecer la fe de los demás el día de hoy. Permíteme que al final de este día alguien tenga más fe en tus promesas y se regocije más en tu gracia porque me pusiste en su camino.” El motivo por el cual digo que convertirse en este tipo de persona es mucho más básico que averiguar el tipo de don espiritual que tenemos es porque al convertirse en este tipo de persona el Espíritu Santo no permitirá que ese anhelo quede en vano. Él le ayudará a encontrar la forma de fortalecer la fe de otros y así será como usted descubra sus dones. Entonces dediquémonos a convertirnos en la clase de personas que anhelan cada vez más fortalecer la fe de los demás.

La Fe Forjada por el Espíritu Exhorta a la Fe de los Demás
Ahora bien, en Romanos 1:12, Pablo reestructura el versículo 11 utilizando otras palabras: Quiero impartiros algún don espiritual: “Es decir, para que cuando esté entre vosotros nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía”. Aquí Pablo hace dos cosas. Primero utiliza la táctica de decir “con mucho gusto”. ¿Recuerdan ustedes mi sermón acerca del hedonismo y la humildad? Mi argumento fue que decir “con mucho gusto” después de hacerle un favor a otro es una expresión de humildad. Es como decir “no es para tanto que yo haya hecho un sacrificio, sólo hago lo que me gusta hacer.” Cuando Pablo lee de nuevo Romanos 1:11, probablemente dice “mmm, eso puede sonar un tanto presuntuoso como que si yo fuera un gran mártir haciendo algo por el bienestar de ellos, cuando en realidad lo que yo deseo es que ellos me exhorten a mí.” Entonces cuando reestructura el versículo 11 en el versículo 12, agrega que también él y no solamente ellos recibirán ayuda cuando se reúnan. Eso es lo primero que hace. Lo segundo es mostrarles que les fortalecerá la fe a través de su don espiritual de la fe (versículo 11). En el versículo 11, él fortalece la fe de los demás a través de su don espiritual. En el versículo 12, él exhorta a través de su fe. Mi conclusión a través de estas comparaciones es la siguiente: un don espiritual es una expresión de fe que tiene como meta el fortalecimiento de la fe. Se activa por medio de nuestra fe y busca estimular la fe en el otro. Otra forma de definirlo sería: Un don espiritual es una habilidad que nos da el Espíritu Santo para expresar nuestra fe de una forma eficaz (de palabra o de obra) para fortalecer la fe de otra persona.

Para mí es útil pensar acerca de los dones espirituales de esta manera ya que evita hacer comparaciones con las habilidades naturales. Muchas personas no creyentes tienen, grandes habilidades para la enseñanza y la administración, por ejemplo. Y Dios es quien nos da estas habilidades, lo reconozca o no la gente. Pero no se les puede llamar “dones espirituales” de enseñanza o administración porque no son expresiones de fe y no van dirigidas a fortalecer la fe. Nuestra fe en las promesas de Dios es el canal a través del cual fluye el Espíritu para fortalecer la fe de los demás. (Gálatas 3:5) Por lo tanto, no importa qué habilidades poseamos, si no confiamos en Dios y no tienen como objetivo ayudar a que otros confíen en Él, entonces nuestra habilidad no es un “don espiritual.” No es “espiritual” porque el Espíritu Santo no fluye a través de él transmitiéndose de fe a fe.

Esto tiene enormes implicaciones en cuanto a escoger a quienes trabajan en la iglesia, los representantes de la misma y los miembros del consejo. Quiere decir que nunca debemos simplemente preguntar, “¿quién tiene la habilidad para ser eficiente?” Siempre iremos más allá y preguntar, “¿utiliza esta persona sus habilidades de manera que se pueda decir que son expresión de una firme confianza en el Señor? y, ¿ejerce sus habilidades para fortalecer la fe y el regocijo de los demás?” Una iglesia en donde mora y es poderoso el Espíritu Santo será una iglesia muy sensible a la diferencia entre las habilidades naturales y los dones espirituales.

El Espíritu utiliza cualquier Virtud para Fortalecer la Fe
Vamos a Romanos 12:3–8, que es una unidad que trata más profundamente los dones espirituales aunque sólo les llame dones:

“Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno. Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros. Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos: si el de profecía, úsese en proporción a la fe; si el de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría. (vv. 3, 6–8)

Solamente voy a llamar su atención con respecto a dos cosas. Primero, considero que este texto confirma el punto anterior que nos indica no esforzarnos en etiquetar nuestros dones. Los dones espirituales no se limitan o definen como un grupo de actividades definidas en el Nuevo Testamento. Más bien, los dones espirituales se refieren a cualquier habilidad que el Espíritu le otorga a cada uno para que exprese su fe de manera que pueda fortalecer a otra persona. Observemos los últimos cuatro dones mencionados en el versículo 8: “exhortar” (o confortar, alentar—es la misma palabra que se usa en 1:12), “dar” (o compartir), “dirigir” (podría significar “presidir”) y “mostrar actos de misericordia.” Lo notable de éstos (con la posible excepción de “presidir”) es que todos los creyentes tienen el llamado a estos dones: exhortar, dar, ser misericordiosos. Entonces el “don” consiste en que el Espíritu capacita más a algunas personas que a otras para ejercer esos dones ya sea con más fuerza, más eficacia y mayor frecuencia. Entonces, cualquier virtud en la vida del creyente que le ha sido dada para hacerla con entusiasmo y beneficio para los demás, esa virtud será su don.

Otorgados en Diferente Medida
Lo segundo que me gustaría señalar de este texto es que tanto los dones que poseemos como nuestra fe, nos los da Dios en diferente medida. La razón por la cual Pablo nos enseña esta verdad es para ayudarnos a pensar con mesura sobre nosotros mismos y para que no se nos suban a la cabeza. Las personas dotadas siempre corren el riesgo de la soberbia – este fue un problema serio para los Corintios (y quizás también en Roma). Por lo tanto Pablo revela una profunda verdad cuya intención es eliminar la jactancia y la soberbia, la cual consiste en poner toda la confianza en sí mismos. En el versículo 6 dice que tenemos dones que difieren de acuerdo a la gracia que se nos ha concedido. En otras palabras, cualquier habilidad que nos distinga de los demás nos ha sido dada por gracia, es decir, la recibimos gratuitamente y no porque la hayamos ganado o merecido. Por lo tanto, no hay de que jactarse.

Pero alguien podría decir, “Bien, no puedo jactarme del don que poseo, pero sí puedo jactarme porque uso ese don con mucha dedicación.” Eso como la persona que dijera, “No puedo jactarme de haber nacido en América, pero si puedo jactarme porque usando mi libertad me hice productivo y rico.” Ambos argumentos son erróneos. Moisés dijo a Israel en Deuteronomio 8:17, “No sea que digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza.” (Y por cierto, tendremos que entregar cuentas si con ese don ayudamos a otros o si sólo lo hemos utilizado para llenar nuestra vida de lujos.) Y de forma similar Pablo dice aquí en Romanos 12:3, “Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno.”

Por lo tanto, no se trata sólo del don sino también de la medida de la fe por la cual vamos a ejercer ese don, la cual también nos es otorgada como don de Dios. Y Dios nos ha hecho esta revelación, no para disminuir nuestra hambre y ansia de tener más fe, sino para hacernos humildes y que confiemos en Él para todo. Todo es obra de Dios “Para que nadie se jacte delante de Dios. Para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORÍE EN EL SEÑOR.” (1 Corintios 1:29, 31)

Pocas cosas ahogan nuestra soberbia y nos mantienen sobrios y humildes como tomar conciencia de que el Espíritu de Dios es soberano absoluto y nos otorga tanto los bienes como la fe para utilizarlos con quien Él lo desee, al grado que lo desee, para edificación de su cuerpo. La iglesia debería ser la hermandad más feliz y más humilde sobre la tierra.

A cada quien se le otorga un Don
Y ahora, finalmente, veamos 1 Pedro 4:10, 11, este es uno de mis textos favoritos y quisiera hacer cuatro observaciones breves sobre los dones espirituales en base a estos dos versículos. Leámoslos.

“Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos.”

Primero, observemos que “cada uno ha recibido un don.” Los dones no son para unos cuantos sino para todos y cada creyente tiene habilidades que le han sido dadas por el Espíritu Santo y puede usarlas para fortalecer a otros. Y el descubrimiento de esas habilidades y entregarse a los demás por medio de estos dones nos da la máxima felicidad en la vida. Y si realmente usted desea ser instrumento de Dios para hacer brotar la fe y la felicidad en otra gente, entonces los encontrará. Recordemos que ese es el problema fundamental.

Administradores del Tesoro de la Gracia

Segundo, la imagen que tenemos en el versículo 10 es el de una casa que tiene varios administradores talentosos a quienes el dueño les dio su dinero para que lo administren. La casa es la iglesia, los administradores somos todos, los varios talentos son los diferentes dones, la gracia es el dinero de Dios y la administración es el ejercicio de nuestros dones. La parte más impresionante de esta comparación es la analogía entre el dinero del dueño y la gracia de Dios. La Gracia es la moneda que se usa en la casa de Dios. Hemos sido llamados para administrar el tesoro de la gracia. Tenemos una junta de administradores en la Conferencia Bautista de Minnesota y a ellos se les ha dado la responsabilidad de recibir y distribuir miles de dólares para la casa llamada Conferencia Bautista de Minnesota. De igual forma todos nosotros deberíamos considerar que así es nuestra responsabilidad en la iglesia. Somos receptores de la gracia y es nuestra responsabilidad distribuir esta gracia entre los demás. El medio que vamos a utilizar para distribuirla es nuestro don espiritual. Entonces, aquí tenemos otra definición para los dones espirituales; son las habilidades por las cuales recibimos la gracia de Dios y la distribuimos entre los demás. Coincide de una manera hermosa con nuestra definición anterior de que los dones espirituales son habilidades otorgadas por el Espíritu las cuales expresan nuestra fe y tienen como objetivo fortalecer la fe de los demás. Ambas se complementan porque fe es lo que el dueño de la casa quiere de sus administradores y la gracia es el único dinero que puede comprar la fe. O, para cambiar la imagen, la fe se alimenta de la gracia y se fortalece con la gracia. Dios nos da su gracia en Jesucristo y todas las promesas que son “sí” en Él y nuestra respuesta es la fe; entonces nosotros, en el ejercicio de nuestros dones espirituales, distribuimos esa gracia entre los demás alimentando su fe. La Gracia que es gratuita y preciosa fortalece nuestro corazón en la fe (Hebreos 13:9) “No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas, porque buena cosa es para el corazón el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban.” Por lo tanto, lo que debería suceder en la Iglesia Bautista de Belén, es que todos los administradores de Dios deberían tener un despertar hacia más y más gracia de Dios en Jesucristo, y encontrar más y más formas para distribuirse mutuamente la gracia y darla a los de afuera a través del uso de sus dones espirituales. O bien, ¡que el Espíritu permita que haya transacciones usando la moneda de la gracia en la Iglesia Bautista de Belén!

Los Dones Orientados a la Palabra y los Dones Orientados a las Acciones
La tercera observación de 1 Pedro 4:11 es que la gracia puede ser distribuida a través de los dones que se orientan hacia las palabras o a través de los dones que se orientan hacia la acción: “El que habla, (permítanle que hable) conforme a las palabras de Dios” Si usted tienen un don relacionado con hablar, no se fíe de su propio instinto, más bien pídale a Dios que hable a través de usted. Impartimos la gracia a quien escuche sólo si lo que entregamos es la palabra de Dios. Puede que no se trate de hacer citas textuales de las escrituras, pero sí de palabras que brotan y son guiadas por Dios, de manera que la atención se dirija hacia Él y no hacia nosotros. Nuestra meta es fortalecer la fe y Él es quien de manera fidedigna nos da esperanza infinita, no lo hacemos nosotros.

Luego dice “el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da”, entonces, si su don involucra acciones prácticas de servicio, no trate de llevarlas a cabo confiando en sus propias fuerzas. Si lo hace así, su don dejará de ser un “don espiritual.” El don deberá provenir de la fe y la gracia para que sea “don espiritual.” Cuando hablamos con las palabras de Dios y actuamos a través de la fortaleza que Dios nos da, entonces la gracia será distribuida hacia otras personas a través del don de la palabra o del don de la acción.

Todo para Gloria de Dios
El punto final de este texto y mi punto final de esta mañana, es que el objetivo de todos los dones espirituales es “para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (v. 11). Esto quiere decir que para que se pueda mostrar su gloria, Dios nos otorga los dones dándonos la fe para ejercitar dichos dones. Él quiere que nosotros y el mundo nos maravillemos en Él y que comprendamos su grandeza. La maravillosa realidad de Dios lo comprende todo ” de Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36). Y no hay nada más maravilloso, nada que nos brinde mayor regocijo, que tenga más significado y nos de mayor satisfacción que encontrar nuestro pequeño nicho en el despliegue eterno de la gloria de Dios. Nuestro don puede parecer pequeño, pero tiene una enorme proporción ya que forma parte de la revelación de la infinita gloria de Dios.

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